El Bolsón: Un centenario de un Paraíso que no se vende.
El 28 de enero no es una fecha más en el calendario. Es el recordatorio anual de que este rincón del mundo, donde el Piltriquitrón nos cuida las espaldas, no es un producto de estantería. Mientras las luces del aniversario se encienden, nosotros elegimos mirar hacia la sombra de los bosques y el murmullo de los ríos para entender quiénes somos realmente.
La Poesía de la Resistencia
Vivir en la Comarca es un acto de amor y, como todo gran amor, requiere defensa. Aquí, la belleza no es solo un decorado para la foto de Instagram del turista de paso; es una construcción colectiva. Somos el pueblo que aprendió a leer el idioma del viento y el pulso de los mallines.
Nuestra identidad no nació en un despacho de una inmobiliaria en Buenos Aires, sino en el barro de los callejones, en el aroma del lúpulo que impregna las tardes de enero y en las manos manchadas de fruta fina de quienes entienden que la tierra es madre, no mercancía. Festejamos 100 años de una mística que se respira en cada fogón: la de saber que somos parte de algo más grande que nosotros mismos.
El paraíso bajo asedio
Pero no nos engañemos con el brillo de las velas. Sería una hipocresía hablar de «pueblo pujante» mientras los buitres del extractivismo sobrevuelan nuestras nacientes de agua. Festejamos la vida, sí, pero con el puño cerrado.
Porque mientras brindamos, hay quienes desde cómodas oficinas con aire acondicionado siguen trazando líneas sobre nuestros cerros, queriendo lotear el aire y privatizar la lluvia. El conflicto con Laderas y las sombras de Lewis no son anécdotas del pasado; son recordatorios de que nuestro paisaje está en disputa.
Hoy, el territorio no solo se defiende de los intereses inmobiliarios o de las sombras de los grandes terratenientes; se defiende de las cenizas. La emergencia ígnea que hoy golpea a Epuyén, El Hoyo y el paraje El Coihue, se suma al drama desgarrador que atraviesa el Parque Nacional Los Alerces, donde el fuego ya ha devorado miles de hectáreas de bosque milenario. Esta herida compartida que hoy mantiene a Cholila en llamas nos recuerda que la lucha por la tierra en El Bolsón y sus alrededores es, más que nunca, una lucha por la vida; una defensa urgente de nuestro patrimonio frente a la desidia y el avance de un fuego que no conoce fronteras.
No queremos un «progreso» que llegue en forma de canchas de golf para pocos, mientras el productor de Mallín Ahogado se queda sin riego. No aceptamos una «villa turística» que desangre el Perito Moreno. Nos llaman hostiles porque no bajamos la cabeza, porque entendemos que la extranjerización de la tierra es el viejo cuento de la conquista con un envoltorio moderno.
El veredicto del tiempo
A 100 años, El Bolsón tiene las arrugas de quien ha peleado mil batallas y la frescura de quien sabe que el agua vale más que el oro. Nuestra guía nace hoy con esa consciencia: mostramos el camino al refugio, recomendamos el mejor plato regional, pero también advertimos que cada rincón que visitás existe porque hubo un pueblo que se plantó para que nadie le pusiera un candado.
Feliz aniversario, Bolsón. Que sigan los festejos, pero que nunca se nos duerma la rabia poética. Porque el paraíso, si tiene dueño, deja de ser paraíso.
Nuestra historia sigue viva en vos
Celebrar ese centenario de El Bolsón es también celebrar a toda nuestra Comarca Andina. Queremos que este no sea solo un relato escrito por nosotros, sino un espacio compartido.
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